a una mujer de ochenta y un años con un perro grande tiene una grieta que Marta no quiere ver.
Mamá lleva ya dos semanas viviendo conmigo.
Ella duerme en el sofá cama.
Yo duermo en un colchón en el suelo.
Por las mañanas preparamos té.
Mamá corta el pan en rebanadas muy finas, exactamente igual que cuando yo era niña.
A veces nos sentamos juntas en el balcón.
Mamá mira el árbol que crece frente al edificio.
—Qué árbol tan bonito —dice—. Huele casi igual que el jardín de