Cada verano, mi hermana llevaba a nuestra madre a su casa. Pero un día mi madre me llamó en un susurro y me pidió que fuera a recogerla.

pidiendo ayuda en un susurro.

—Mamá, ¿qué ha pasado? ¿Dónde está Marta?

Se hizo un largo silencio. Después soltó un profundo suspiro, como si necesitara reunir valor antes de hablar.

—Marta y Klaus se han ido. De vacaciones. Al mar. El martes hará una semana.

Me senté en el taburete de la cocina.

Fuera, la ciudad iba apagándose lentamente mientras intentaba comprender lo que acababa de oír.

Mi hermana Marta —cuatro años menor que yo, siempre sonriente, siempre con un plan, siempre diciendo en las comidas familiares:

«Mamá, ven a