el escritorio de Rafael.
Mi madre leyó en silencio.
-He escuchado esas historias -murmuró-. Él decía que eran personas resentidas.
-No quería que compararas su versión con los documentos.
Mi madre levantó la vista.
-Él también decía que tú querías separarnos.
Aquello me dolió más de lo que esperaba.
Durante años yo había intentado advertirle.
Si cuestionaba cómo Rafael le hablaba, él decía que yo era una hija celosa.
Si preguntaba por qué mi madre ya casi no veía a sus amigas, él decía que yo interfería en su matrimonio.