propia casa.
Esa fue la primera vez que comprendí que algo realmente había cambiado.
No esperamos escondidas.
Encendimos la luz del porche.
Diego permaneció dentro.
Había entregado sus mensajes y el video original a los investigadores.
-Yo pensé que solo quería asustarte -me dijo.
Mi madre lo miró.
-Tú sabías que estaba mal.
Diego bajó los ojos.
-Sí.
-Lo sabías
cuando te reíste.
Él cerró los ojos.
-Y lo supiste todavía mejor cuando dejaste de reírte.
Nadie dijo nada más.
A las 9:17 escuchamos un motor.
La camioneta de