la puerta.
Mi madre dio un paso hacia delante.
Esta vez su voz fue más fuerte.
-No.
Rafael miró alrededor.
-¿Ahora Elena te dice qué hacer?
Mi madre negó lentamente.
Ese es tu problema, Rafael.
Él frunció el ceño.
-Siempre creíste que, si yo no hacía lo que tú querías, era porque alguien más me estaba controlando.
Las luces de 2 patrullas aparecieron al final de la calle.
Rafael se giró.
El investigador bajó del primer vehículo.
Llevaba consigo la orden de protección que mi madre había solicitado.
Rafael levantó