las manos.
-Esto es ridículo.
El investigador se acercó.
-Señor Cárdenas, ha sido notificado formalmente. No puede acercarse a la señora Teresa Navarro ni entrar a esta propiedad.
-Ella es mi esposa.
-Ella acaba de decirle que se retire.
Rafael miró hacia la ventana.
Durante años había conseguido que mi madre dudara de sí misma.
Aquella noche esperó lo mismo.
Una mirada.
Una disculpa.
Cualquier señal de que todavía podía abrir una grieta.
Mi madre cerró la cortina.
Rafael fue retirado de la propiedad.
Meses después perdió oficialmente su puesto.