nueva.
La sostuve entre los dedos.
-No necesitabas darme una.
-Lo sé.
Sonrió.
-Quería hacerlo.
Guardé la llave.
Y cuando salí, vi algo que durante años había desaparecido de aquella
casa.
Las cortinas estaban abiertas.
La puerta era del color que mi madre había elegido.
Y nadie tenía que hacerse pequeño para mantener la paz.