la voz.
-Sigue jugando a ser importante -dijo Diego, sonriendo mientras me grababa-. ¿Ahora también recibes llamadas secretas?
Lo miré apenas un segundo.
Después volví los ojos hacia Rafael.
-Es
una comunicación oficial. No interfieras.
Su expresión cambió.
-¿No interfiera?
Se acercó.
-Estás en mi casa.
-Es la casa de mi madre.
El silencio cayó de golpe.
Mi madre cerró los ojos.
Sabía lo que venía.
Rafael siempre reaccionaba igual cuando alguien le recordaba que no era dueño de todo lo que lo rodeaba.
Desde el teléfono escuché otra vez