Mi padrastro, el director de Seguridad Pública Municipal, me esposó en la cocina de mi madre porque creyó que había inventado una llamada militar clasificada. Mi hermanastro grababa cada segundo mientras se burlaba: —¿Todavía finges que eres militar? Entonces una voz salió del teléfono: —General Navarro, ¿hay algún problema? En lugar de detenerse, mi padrastro me tiró al suelo, me apuntó con su pistola y gritó: —¿Quién demonios te crees que eres? Nunca entendió que la llamada seguía conectada. Ni quién había escuchado absolutamente todo.

la voz.

-General Navarro, ¿hay algún problema?

Rafael también la oyó.

Se rio.

-¿General?

Diego acercó más su cámara.

Rafael negó con la cabeza.

-Ahora sí te superaste, Elena.

-No toques este equipo.

Me arrancó el teléfono de la mano.

-Rafael -dijo mi madre-. Ya déjala.

-Cállate, Teresa.

Se llevó el aparato al oído.

-A ver. ¿Quién habla?

Hubo 2 segundos de silencio.

Después una voz masculina respondió:

-Identifíquese.

Rafael enderezó la espalda.

-Comandante Rafael Cárdenas. Director de Seguridad Pública Municipal.

-Señor Cárdenas, está interfiriendo con una comunicación restringida de