la Secretaría de la Defensa Nacional. Entregue el dispositivo inmediatamente a la general Elena Navarro.
Vi cómo la sonrisa desaparecía durante una fracción de segundo.
Solo una.
Después regresó.
Más dura.
Más peligrosa.
Porque Rafael no sabía retroceder cuando había testigos.
Y Diego seguía grabando.
-Se nota que preparaste bien esto -dijo.
-Rafael, cuelga el teléfono.
-Me estás dando órdenes en mi casa.
-No. Te estoy evitando un problema.
Fue la peor frase que pude elegir.
Sus ojos se endurecieron.
Me sujetó por la muñeca.
Giró mi brazo detrás de