nerviosa.
-Esto se está poniendo bueno.
Rafael cerró la segunda esposa.
Entonces levantó el teléfono satelital.
-Esta mujer está fingiendo autoridad federal -dijo-. Voy a detenerla hasta aclarar quiénes son ustedes.
La voz respondió con una calma que me preocupó más que cualquier grito.
-Señor Cárdenas, libere inmediatamente a la general Navarro.
Rafael sacó su pistola.
Mi madre dejó caer una taza.
El sonido de la cerámica rompiéndose me acompañó mientras Rafael me empujaba.
La silla chocó contra el piso.
Yo caí de costado.
Sentí un dolor seco en el