Mi arrogante esposo llegó a nuestra audiencia de divorcio con su amante del brazo y me susurró: —La empresa, la mansión y los autos ya son míos. Para el viernes no tendrás ni dónde vivir. No lloré ni discutí. Simplemente me puse de pie y me quité el abrigo. Cuando todos vieron las cicatrices que sus millones habían intentado ocultar durante años, la audiencia dejó de parecer un divorcio.

También encontramos una memoria USB.

Cuando el perito abrió una vista preliminar apareció una carpeta titulada MONTES.

Dentro había un video de seguridad del hospital donde supuestamente me había llevado Santiago después de mi caída.

El video mostraba la entrada del hospital.

Santiago apareció empujando mi silla de ruedas.

Beatriz caminaba junto a él.

Una enfermera intentaba acercarse a mí.

Entonces apareció otro hombre.

Me quedé sin respirar.

Cabello oscuro.

Abrigo largo.

La misma forma de caminar que todavía aparecía en mis sueños.

—Pausa —pedí.

El perito congeló la imagen.