padre cerró los ojos.
—Ahora lo sé.
Ninguno de nosotros lo perdonó aquel día.
Pero por primera vez escuchamos la verdad sin que Santiago estuviera en medio.
Entonces mi padre abrió un compartimento oculto bajo un gabinete del observatorio.
Sacó una caja metálica.
Dentro estaban los cuadernos de mi madre.
Marina Robles había sido enfermera durante 22 años.
Había dibujado
sistemas para reducir el dolor y las infecciones de pacientes que necesitaban accesos vasculares frecuentes.
Yo había encontrado algunos de sus dibujos cuando estudiaba ingeniería y los había desarrollado sin