entender que aquellas ideas eran mucho más que simples anotaciones de una enfermera cansada.
Santiago sí lo entendió.
Beatriz también.
Mi padre colocó frente a mí el primer cuaderno.
En la portada decía.
Para Valeria.
Abrí la primera página.
Mi madre había escrito que yo hacía preguntas que otras personas ignoraban y que esperaba que nadie lograra convencerme de dejar de hacerlas.
Lloré.
No por Santiago.
No por la empresa.
Por ella.
Daniel recibió una llamada del perito.
La memoria encontrada en Monte Real contenía un contrato supuestamente firmado 16