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Sentada junto a la ventana, leyendo un libro como si el tiempo no hubiera pasado.
Cuando levanté la vista y me reconoció, sonoro apenas.
-Daniel…
Escuchar mi nombre en su voz me desarmó más de lo que esperaba.
Nos quedamos hablando horas.
principio con cuidado. después con
demasiada facilidad. Recordamos tonterías: el gato que odiaba a todo el mundo, nuestro viaje absurdo a Veracruz, las veces que nos quedamos despiertos viendo películas malas solo para no discutir.
Y entonces entendí algo peligroso.
Todavía