Volví a acostarme con mi exesposa durante un viaje de trabajo Cu al amanecer, una mancha roja en la sábana me dejó sin aire. Un mes después, una llamada desde un hospital en Cancún me hizo entender que aquella noche no había sido un error… sino el principio de algo mucho más oscuro.

me sentía en casa cuando hablaba con ella.

Caminamos juntos por Paseo de Montejo hasta que empezó a llover. Corrimos riéndonos bajo los árboles como dos idiotas demasiado grandes para actuar así.

Cuando llegamos empapados a mi hotel, Mariana me miró en silencio unos segundos.

Debí despedirme ahí.

No lo hice.

Aquella noche dormimos juntos.

Y por unas horas olvidé por qué habíamos terminado.

Pero a la mañana siguiente desperté solo.

Mariana ya no estaba en la habitación.

Solo había una taza de café vacía, la ventana abierta y una