nbsp;
Por primera vez comprendí por qué Harrison había esperado hasta después de su funeral para contarme la verdad.
Sus hijos no habían venido a despedirse de su padre.
Habían venido a buscar algo.
Y ahora estaban convencidos de que yo lo tenía.
Los golpes volvieron a sonar.
—Isabel, abre la puerta —insistió Daniel—. No queremos problemas.
Aquella frase consiguió exactamente locontrario de lo que pretendía. Después de dos años escuchando a Harrison hablar de sus hijos, sabía que cuando Daniel decía que no