dos hermanos, Patricia y Roberto.
Los tres vestían de manera impecable. Durante el funeral apenas habían sido capaces de mirarme, pero ahora toda su atención estaba puesta en mí.
Daniel entró sin esperar invitación.
—Queremos el sobre.
No hubo saludo. Ni siquiera mencionó a supadre.
—¿Qué sobre? —pregunté.
Patricia soltó una pequeña risa.
—Por favor, Isabel. No hagamos esto más desagradable de lo necesario.
—¿Más desagradable para quién?
Roberto cerró la puerta detrás de ellos.
Álvaro intervino inmediatamente.
—Señor Harrison