Lucía bajó la mirada.
—La señorita Beltrán lo obligó a escribirlo.
—¿Por qué?
—Porque dijeron que él había arruinado el mural… pero no fue él.
Entonces me contó la verdad.
Otro niño había derramado pintura y roto unas tarjetas.
Mateo solo tenía pegamento en las manos porque estaba ayudando a Lucía.
Pero nadie quiso escucharlo.
—Él repetía todo el tiempo: “Mi mamá sabe que yo no miento” —dijo la niña entre lágrimas—. Pero la maestra le dijo que incluso los buenos hijos decepcionan