a sus madres.
Sentí que el alma se me hacía pedazos.
Mi hijo había muerto creyendo que yo podía pensar que era malo.
“Está pasando otra vez”
Después Lucía me contó algo aún más doloroso.
—Mateo me dijo: “Lucía… me está pasando otra vez”.
La miré confundida.
—¿Otra vez?
Ella asintió llorando.
—Me había contado antes… dijo que a veces sentía algo raro en el pecho. Pero no quería preocuparla porque usted estaba enferma.
Mis piernas dejaron de sostenerme.
Mateo