había estado ocultando su dolor para no preocuparme.
—Yo le dije que tomara agua… —sollozó Lucía—. Mi papá siempre decía eso cuando me dolía la panza.
Me arrodillé frente a ella y tomé sus manos.
—No fue tu culpa, cariño. Tú intentaste ayudarlo.
Ella lloró todavía más fuerte.
—Después quiso guardar el unicornio para que usted no viera primero la nota de disculpas… y entonces se cayó.
Cerré los ojos intentando soportar aquella imagen.
Enfrentando la verdad
La visita a la escuela
Al