la Madre.
No quería asistir.
Pero fui.
Frente a todos los padres, la señorita Beltrán admitió públicamente que Mateo había sido acusado injustamente.
Mi garganta ardía mientras escuchaba.
Entonces Lucía se levantó de su asiento.
Caminó hasta el frente con una pequeña bolsa de regalo.
—Lo terminé —dijo.
Sacó el unicornio.
Seguía siendo imperfecto.
Una oreja más grande que la otra.
El cuerno inclinado.
La melena hecha un desastre.
Pero era lo más hermoso que había visto