sin terminar, una cola torcida y el cuerno apenas comenzado.
—Era para usted —explicó Lucía—. En la clase de manualidades la señorita Beltrán dijo que los regalos hechos a mano tenían más amor. La mayoría hizo señaladores… pero Mateo quiso hacer un unicornio.
No entendía.
—¿Un unicornio? Él amaba los dinosaurios.
Lucía se secó la nariz con la manga.
—Dijo que a usted le gustaban.
Y entonces recordé aquella taza vieja con un unicornio que usaba todas las mañanas.
Una vez le