la carpeta de cartón de Arturo.
Se levantó de su silla, rodeó el mostrador y se sentó junto a la mujer.
Tardaron 26 minutos.
La operación no generó ninguna comisión.
Cuando terminaron, la mujer le apretó la mano y dijo:
—Gracias por no hacerme sentir tonta.
Sara tuvo que entrar al baño para recomponerse.
Aquel día entendió algo que ningún curso de ventas le había
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enseñado: la vergüenza de un cliente también podía ser creada por quien estaba al