Entré con chaqueta gastada a mi propio banco en Castellana y me dejaron dos horas en un rincón. La asesora servía café a los ricos y se reía con el director mientras yo sujetaba un vaso vacío. Me soltó: ‘Esta zona es para clientes private’. No discutí, dejé mi carpeta y volví al día siguiente sin bastón; entonces su pantalla se puso roja y reveló quién era el dueño.

otro lado del mostrador.Planificar Eventos Festivos

 

 

David tardó más.

 

Su nuevo puesto lo llevó a visitar panaderías, talleres, peluquerías, pequeños bares y comercios familiares que solicitaban financiación de 3.000, 8.000 o 15.000 euros. Al principio lo vivió como una condena. Odiaba caminar con una tableta bajo el brazo, esperar en locales sin aire acondicionado y escuchar historias que no cabían en una hoja de cálculo.

 

 

Su primer expediente fue el de Javier Molina, un mecánico de 58 años que quería sustituir