Entré con chaqueta gastada a mi propio banco en Castellana y me dejaron dos horas en un rincón. La asesora servía café a los ricos y se reía con el director mientras yo sujetaba un vaso vacío. Me soltó: ‘Esta zona es para clientes private’. No discutí, dejé mi carpeta y volví al día siguiente sin bastón; entonces su pantalla se puso roja y reveló quién era el dueño.

intentando averiguar qué significaba aquella auditoría. Llamó a la dirección territorial, a 2 antiguos compañeros y hasta a un miembro del área comercial que solía avisarle de las inspecciones. Nadie sabía nada.

 

 

 

Miguel tampoco había dormido bien. A diferencia de David, no temía perder el puesto. Temía haber accedido a información que

no le correspondía y que su intento de ayudar a Arturo terminara convertido en una falta disciplinaria. Aun así, cuando recordó al anciano sentado solo mientras todos lo evitaban, supo que volvería a hacer lo