plateadas y su perfume carísimo.
—Ya estoy arriba —dijo por teléfono—. La tonta de Valeria no sospecha nada. Seguro está en el baño quitándose ese maquillaje de novia pobre.
Una voz de mujer respondió por altavoz:
—¿Firmó todo?
Rebeca soltó una risita.
—Lo suficiente. Andrés solo necesita hacerla quedar inestable unos días. Luego le metemos miedo con un doctor, con la familia y con un supuesto episodio nervioso. Va a entregar la casa solita. Familia
La casa.
La casa de San Ángel