PARTE 2: EL FUNERAL DE LA MUJER QUE NO MURIÓ

empresa al borde de la cárcel. Amalia lo cubrió para que tú no cargaras con eso.

 

Mauricio apretó la mandíbula.

 

—Pues yo decidí cobrar lo que nos debían.

 

—¿Usando mi boda? Bodas

 

—Andrés ya era basura —escupió—. Yo solo le dije dónde encontrar oro.

 

La sala quedó en silencio.

 

Entonces levanté el relicario de mi abuela. Barragán había restaurado el pequeño grabador oculto en su interior. Mauricio acababa de confesarse frente a todos.

 

—Eso no sirve legalmente —dijo, perdiendo color.

 

—Tal vez