PARTE 2: EL FUNERAL DE LA MUJER QUE NO MURIÓ

que, si alguien te ama por tu apellido, no te ama a ti. Por eso vivía sencillo, trabajaba en una clínica de Coyoacán y nunca hablaba del dinero familiar.

 

 

Andrés creyó que yo estaba sola.

Y por eso se atrevió.

 

La puerta volvió a abrirse.

 

—¿Dónde está? —preguntó Andrés.

 

Una parte de mí todavía quiso confiar en él.

 

—En el baño —contestó Rebeca—. Ivonne viene subiendo.

 

Ivonne.

 

La “amiga de la universidad” que le escribía de madrugada por supuestos pendientes de trabajo.