Entró con tacones rojos y voz nerviosa.
—Ya estoy harta de esconderme, Andrés. Me prometiste que después de la boda la ibas a sacar de la casa. Bodas
—Y lo voy a hacer —dijo él—. Mañana diré que amaneció rara, agresiva, paranoica. Mi mamá confirmará que la vio alterada. Tú dirás que te amenazó cuando supo lo nuestro.
Me tapé la boca.
No era solo una infidelidad. Era un plan.
Rebeca habló como si diera una receta.
—Una mujer llorando siempre