ojos tratando de ocultar una sonrisa incómoda.
Valeria sintió que algo se rompía dentro de ella.
Un año antes, un médico le había asegurado que sufría infertilidad primaria y que sus posibilidades de embarazarse eran prácticamente nulas. Mauricio había llorado con ella aquella tarde. Dos semanas después comenzó a distanciarse. Tres meses más tarde terminó la relación.
Ahora estaba casándose
con otra.
—Te deseo una casa llena de niños —respondió Valeria, retirando lentamente su brazo de la mano de Teresa—. Pero jamás vuelvas a hablar de mi cuerpo como si