boda.
Valeria sintió vergüenza.
—Preferiría no hablar de eso.
—Yo sí necesito hablar contigo.
Rafael cerró la puerta.
—Mi hijo Alejandro tiene azoospermia. Durante años le dijeron que probablemente nunca
podría ser padre.
Valeria creyó haber escuchado mal.
Entonces él añadió algo todavía más absurdo.
—Tú crees que eres estéril. Mi hijo cree que también lo es. Ninguno tendría que prometerle hijos al otro. Podrían casarse y dejar de vivir bajo el juicio de sus familias.
Valeria soltó una risa seca.
—¿Me está proponiendo casarme con un desconocido?
—Te estoy