Rafael Alcázar estaba allí.
Miró el documento mojado, luego a Renata.
—Seguridad.
Renata palideció cuando entendió que acababa de dañar una pieza protegida.
Mientras dos guardias la acompañaban hacia la salida, Rafael se acercó a Valeria.
—¿Ya tomó una decisión?
Valeria contempló el águila herida del manuscrito.Después recordado a Teresa llamándola tierra estéril, a Mauricio guardando silencio y Renata destruyendo el trabajo al que había dedicado semanas.
Levantó la mirada.
-Si.
Rafael esperó.
—Quiero conocer a su hijo.
Y Valeria todavía no imaginaba que aquel “sí” acabaría destrozando todas