las certezas que tenía sobre su cuerpo, su pasado y el hombre al que había amado durante ocho años.
PARTE 2
Alejandro Alcázar no se parecía en nada a su padre.
Era reservado, delgado y educado hasta el extremo. Durante su primera conversación apenas sostuvo la mirada de Valeria.
—Mi papá cree que puede solucionar la vida de todos —admitió—.
Pero no quiero obligarte a nada.
Aquella sinceridad fue precisamente lo que convenció a Valeria.
Se casaron civilmente semanas después, sin fiesta, sin fotografías y sin promesas románticas. El acuerdo