la herida.
-No.
—Entonces no la borres. Sobrevivir también deja marcas.
Aquella frase cambió algo entre ellos.
Tres meses después de la boda, durante una noche de lluvia, hablaron hasta
la madrugada sobre todo aquello que nunca confesaban. Alejandro le contó que llevaba meses sometiéndose a un tratamiento experimental para intentar recuperar la producción de espermatozoides.
—Las probabilidades son muy bajas —aclaró—. No quiero hacerme ilusiones.
Valeria le tomó la mano.
Por primera vez se besaron.
Y aquella noche dejaron de ser solamente dos personas protegidas por un contrato.
Sin