hombres ajenos a la cuadrilla habían estado en la zona. Sin embargo, cuando llegaron los investigadores, ambos cambiaron sus declaraciones.
—Salcedo tenía dinero, contactos y gente que le debía favores —dijo Carmen—. Yo tenía dos niños pequeños. Me dio miedo. Y elegí callarme.
Sacó una agenda de la carpeta.
En una página estaba escrita la fecha de la muerte de
Gabriel. Debajo, Carmen había anotado hacía treinta y tantos años:
“R.S. llamada 18:40. Gabriel. ‘Que parezca accidente’.”
No era una grabación ni una prueba definitiva, pero coincidía con