Al volver del funeral de mi madre, una vecina de más de 80 años se acercó y dijo: “Si vas a vender, primero mira dentro del pozo”. Yo creí que hablaba por tristeza, pero encontré una caja con cartas, cuentas y una advertencia escrita tres días antes de que mi padre muriera. Cerré la puerta, llamé a un abogado y entendí que mi madre había protegido un secreto durante décadas por miedo a que me pasara lo mismo.

contactó.

—Solo estaba ayudando.

—Mi mamá todavía no llevaba una semana muerta y ya estabas buscando quién comprara su casa.

—No dramatices. Tú misma dijiste hace meses que algún día venderías.

—Una cosa es decirlo y otra que mi marido negocie mi herencia a mis espaldas.

Javier se pasó una mano por la cara.

Entonces admitió lo que Teresa ya sospechaba desde aquel mensaje.

Debía casi setecientos mil pesos.

Había invertido en un negocio que fracasó y pidió dinero prestado sin contarle nada.

Esperaba utilizar parte de la venta de