toda la responsabilidad.
Por eso, durante años, he permitido que todos crean que Gabriel actuó solo.
Perdóname.
Cuando él murió entendí que también podían hacerte daño a ti.
Elegí conservar la verdad, pero esconderla hasta que tú pudieras decidir qué hacer con ella.
No estás obligada a vengarnos.
Solo te pido que nunca permitas que el miedo decida toda tu
vida, como decidió gran parte de la mía.
Mamá.”
Teresa lloró como no había llorado ni siquiera durante el funeral.
Comprendió que la herencia más importante no era el terreno,