la casa ni el dinero que hubiera podido recibir por venderla.
Era aquella decisión pendiente que su madre había depositado en sus manos.
Casi un año después de abrir el pozo, llegó la resolución judicial.
Rogelio Salcedo fue declarado responsable de haber organizado la muerte de Gabriel para impedir que entregara las pruebas del fraude y de haber utilizado posteriormente sus influencias para ocultar lo ocurrido.
Cuando escuchó la sentencia, Teresa llevaba en la bolsa una fotografía de sus padres cuando eran jóvenes.
No sintió alegría.
Tampoco deseo de celebrar.