veía como una prueba de que el silencio puede durar décadas, pero eso no lo convierte en verdad.
Y cada vez que alguien le preguntaba por qué una mujer de casi sesenta años había decidido enfrentarse a un hombre rico y poderoso por un crimen ocurrido tantos años atrás, Teresa respondía:
—Porque mi padre perdió la vida intentando decir la
verdad, mi madre sacrificó la suya intentando conservarla y yo habría traicionado a los dos si hubiera vendido aquella casa sin mirar primero dentro del pozo.
Aquel día Teresa entendió