una pequeña cavidad hecha a mano y cubierta con una tela ennegrecida.
Debajo parecía haber una caja.
En ese instante recibió un mensaje de Javier:
“Firma mañana. Necesitamos ese dinero. Ya te explicaré lo de mis deudas.”
Teresa leyó dos veces.
¿Sus deudas?
Él jamás le había hablado de ninguna deuda.
Volvió a mirar hacia el fondo del pozo.
Por primera vez comprendió que su madre quizá no le había dejado una simple casa.
Le había dejado una verdad enterrada.
Y Teresa todavía no podía imaginar que, cuando aquella caja