todo. Elena nunca quiso contármelo. Solo decía que ahí había guardado algo relacionado con tu papá.
Teresa sintió un frío extraño.
Recordó entonces una frase que su madre repetía cada vez que ella hablaba de vender la propiedad algún día:
—Esta casa ha visto cosas que tú no imaginas.
Al caer la tarde, Teresa levantó con esfuerzo la pesada tapa del pozo. Encendió una lámpara y se inclinó sobre la oscuridad.
A unos dos metros de profundidad, entre las piedras húmedas, descubrió algo imposible de confundir con una formación natural: