en él de la misma manera que se confía en la persona que se lleva dentro durante nueve meses, lo dejé pasar.
La nueva casa estaba en una urbanización privada, moderna y fría como la anterior nunca lo había sido. Los primeros meses fueron tolerables. Me despertaba a las cinco, preparaba el café como le gustaba a Daniel, desayunaba y alistaba a mis nietos para ir al colegio. Emily salía cada mañana con sus impecables trajes y su perfume caro, casi sin mirarme. Daniel llegaba media hora después, a veces