estoy muerto?
—Lo creyó durante muchos años.
Mi nieto levantó lentamente la mirada.
—¿Y ahora?
No quería mentirle otra vez.
—Ahora ya sabe que estás vivo.
Aquella información pareció demasiado grande para él.
Se levantó de la mesa y caminó hasta la ventana.
Yo permanecí sentada.
No lo perseguí con explicaciones.
Después de un rato preguntó:
—¿Quiere conocerme?
—Sí.
—¿Tú quieres que lo conozca?
Esa pregunta me sorprendió más que todas las demás.
Me acerqué.
—Lo que yo quiero es que nadie vuelva a decidir algo así por ti sin