presionarla para firmar, llámeme.
La palabra “presionarla” me hizo recordar la mano de Mauricio contra mi cara.
No dije nada.
Teresa me miró con atención.
—¿La agredió?
Durante años había ocultado cada cosa que dolía porque me parecía vergonzoso admitir que mi propio hijo podía tratarme mal.
Pero esa mañana ya había entregado mi carpeta.
Ya había dejado de fingir que aquello era una pelea familiar.
—Sí.
Teresa anotó algo.
—¿Quiere denunciarlo?
Pensé en Sofía y Mateo en la playa. Pensé en sus voces emocionadas cuando me hablaron del hotel,