Chloe dejó escapar un sollozo.
—Sí, cariño.
Nora no respondió.
Miró hacia el dormitorio.
Después hacia la pulsera que yo sostenía.
Finalmente dijo:
—Yo ya lo sabía un poquito.
Chloe se separó de ella.
—¿Cómo?
—Porque me parecía a él.
Sentí una mezcla imposible de tristeza y ternura.
Nora señaló sus propios ojos.
—Él decía que teníamos los mismos ojos.
Entonces comenzó a llorar.
No fue un llanto dramático.
Fue peor.
Silencioso.
Confundido.
El llanto de una niña demasiado pequeña para entender por qué acababa de encontrar a su padre