exactamente cuando lo había perdido.
Nos quedamos abrazadas las tres en el suelo del salón de Julian.
Durante varios minutos nadie habló.
Finalmente Nora preguntó:
—Entonces… ¿ella es mi
abuela?
Chloe me miró.
Yo no podía pronunciar una palabra.
Asintió.
Nora volvió a mirarme.
—¿De verdad?
—Si tú quieres que lo sea.
La niña frunció el ceño como si la respuesta fuera absurda.
—Pero si eres la mamá de mi papá, ya eres mi abuela.
Aquella frase atravesó todas mis defensas.
La abracé.
Por primera vez desde que Julian había