Julian.
Debajo había una instrucción:
“Primero, id a la habitación del fondo.”
Caminamos por el pasillo.
Había tres dormitorios.
El último tenía la puerta cerrada.
Nora fue quien la abrió.
Y en cuanto encendimos la luz, Chloe empezó a llorar.
La habitación estaba preparada para una niña.
Las paredes eran de un tono suave. Había una pequeña cama, una
estantería vacía y estrellas pegadas en el techo.
En una esquina estaba aquella bicicleta roja que Julian había mencionado en su carta.
Todavía llevaba ruedines.
—¡Mi bicicleta! —gritó Nora.
Corrió hacia