la tormenta.
Los invasores contaban con espadas pesadas y números brutos; yo contaba con siglos de química, física y estrategia militar grabados en mi memoria. —No vamos a pelear cuerpo a cuerpo en su terreno —ordené a las capitanas lobo y felinas—.
Dividan a las arqueras en los riscos altos con flechas incendiarias. Tapien el desfiladero con los troncos tratados con brea y esperen mi señal.Cuando las legiones enemigas entraron confiadas en el estrecho cañón, creyendo que aplastarían una aldea tribal indefensa, detoné la trampa: canales ocultos liberaron el