cafetería del hospital, Víctor acorraló a Lucía. Tenía un maletín negro y una sonrisa escalofriante.
—Lucía, eres una mujer inteligente. Alejandro está muy enfermo, quizás no pase de esta semana —dijo Víctor en un tono suave pero amenazante—. Si me firmas como testigo este poder notarial donde él nos cede el control total de la tequilera, te prometo que te daremos una pensión de por vida. Si te niegas… en los hospitales la gente muere todos los días por errores médicos. Sería una lástima que suero equivocado llegara a su